El Ciclista no existe en el sistema de movilidad urbana

El Ciclista no existe en el sistema de movilidad urbana
03 Mar
2020

El día domingo, una ciclista que acababa de participar en un evento de la modalidad conocida como “puro asfalto”, falleció a causa de un arrollamiento por un vehículo que hasta donde podemos saber, se dio a la fuga. Basado, entre otras cosas, en un trabajo de investigación que realicé hace ya algunos años para Fundación Seguros Caracas, en el tema de Seguridad Vial, puedo hacer algunas breves reflexiones.

Lo primero es que se trata de un hecho lamentable, no deseado, de esos que nunca deberían ocurrir, pero que forman parte de la cotidianidad, con el agravante de que el responsable, comete un segundo hecho delictivo al fugarse del sitio.

En segundo lugar, y en contra de lo que pudiera pensarse, el atropello de un ciclista por un vehículo es un hecho que ocurre no solamente a los que utilizan la bicicleta como medio recreativo o de entrenamiento, sino que afecta a cualquier ciclista, incluso a los pocos (en el caso de Venezuela) que utilizan la bicicleta como medio de transporte.

Es por eso que es importante el análisis de la relación vehículo-bicicleta, porque va más allá de la irresponsabilidad o la temeridad de un conductor. Y es que el ciclista está inmerso en un sistema, el Sistema de Movilidad Urbana, en el que formalmente no existe. No existe en lo legal-normativo, ni en lo técnico, ni en lo cultural. Es decir, el ciclista es un elemento extraño al sistema, que, para todos los efectos, lleva todas las de perder.

Pero además de ser un elemento extraño, es el elemento más vulnerable, por una simple comparación peso-potencia, con cualquier vehículo motorizado. Al igual que el conductor de motocicleta, es su cuerpo el que está completamente expuesto al momento de un accidente, sea caída o choque, con objeto fijo o móvil.

En tercer lugar, en todos los sistemas de movilidad del mundo en los que hay bicicletas, hay una especie de conflicto entre los conductores de vehículos motorizados y los ciclistas, con dos mentalidades contrapuestas, en la lucha que ambos tienen por un espacio común, el cual está decantado claramente por el primero. Por supuesto, existen excepciones que los estudiosos observan como avances, en sociedades que crean cada vez más espacios para que la bicicleta sustituya al vehículo a motor. Pero esto es otro tema.

Este conflicto es muchas veces silencioso y pudiéramos decir que no del todo consciente. En parte porque el conductor de vehículos motorizados no se espera la presencia del ciclista, en parte porque el ciclista asume que tiene iguales derechos sobre las vías. En cualquiera de los dos casos, pero sobre todo cuando se suman ambas condiciones, aumenta la probabilidad del encuentro violento.

No podemos saber, y esperamos que se sepa en algún momento, lo que pasó ayer con esta ciclista. Pero lo que sí podemos decir en este momento es que el Sistema de Movilidad, no está adecuado para la presencia, con cierta garantía de sobrevivencia, del ciclista. Es decir, el ciclista está en una especie de ruleta rusa, aumentando las probabilidades negativas con cada salida a la calle.

La literatura académica muestra no solo gran cantidad de estudios, sino la alta variabilidad de los problemas y de las soluciones. Estas últimas van desde las parciales, que empiezan con el reconocimiento de la bicicleta como parte del sistema, hasta las estructurales, que apuntan en la dirección de la disminución de los vehículos motorizados. Por supuesto, nada es gratis y los problemas son multifactoriales, por lo que las soluciones son siempre del mediano al largo plazo.

Pero más allá de todas las consideraciones y detalle técnicos, resaltan dos elementos: por un lado, todas las soluciones pasan por la necesidad de voluntad y acción firme desde el Estado, principalmente al nivel de los gobiernos locales. Por el otro lado, es imprescindible un aumento voluntario, pero también coaccionado, de la conciencia situacional en los conductores de vehículos motorizados.

Estamos seguros de que si la bicicleta formara parte del sistema de movilidad y los conductores (que hasta los ciclistas lo son), estuviesen claros en las penas y riesgos que corren al atropellar a un ciclista, la seguridad vial, que debe ser el objetivo primario, aumentaría en forma firme y sostenida.

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