Remco Evenepoel ya no corre para acercarse: corre para ganar. Tras un 2025 en el que siempre terminó a la estela de Tadej Pogacar en las grandes citas, el belga ha redefinido su preparación para 2026 con un objetivo claro: dejar de ser segundo y pelear de tú a tú por el Tour de Francia y el Mundial.
La lectura interna fue directa. Pogacar construyó su superioridad en esfuerzos sostenidos de 5 a 10 minutos, el tramo exacto donde Evenepoel perdía contacto definitivo. Ese diagnóstico marcó el nuevo enfoque. “Después de ataques muy intensos necesito mejorar mi capacidad de recuperación”, explicó Remco, que ahora concentra gran parte de su trabajo en intervalos de alta intensidad y resistencia específica.
El cambio de mentalidad coincide con su llegada al Red Bull–BORA–hansgrohe. No se trata solo de un nuevo entorno, sino de un proceso de optimización total. El cuerpo técnico ha comparado datos, cargas y picos de forma con el Pogacar dominante del último año para exprimir al máximo las capacidades del belga. No hay promesas vacías, solo trabajo medible.
El primer examen real llegará en Lieja-Bastoña-Lieja, donde se empezará a ver si el ajuste empieza a cerrar la brecha. Las señales iniciales son positivas. Evenepoel ya ha ganado en este arranque de temporada y eso refuerza confianza y convicción, dos factores clave en un corredor que apunta alto.
El calendario también refleja el nuevo enfoque. El Giro de Italia queda aparcado tras consensuarlo con el equipo, que prioriza una evolución controlada durante el año. La hoja de ruta se apoya en salud, continuidad y varios picos de forma, con clásicas, concentraciones en altura y el gran objetivo marcado en rojo: el Tour de Francia.
A medio plazo, incluso las grandes clásicas del norte entran en el radar. Evenepoel no descarta verse en el Tour de Flandes en futuras temporadas, una carrera dominada recientemente por Pogacar y que el belga entiende como parte natural de su evolución.
Remco ya no habla de resistencia ni de limitar pérdidas. Habla de atacar donde antes cedía. De sostener el esfuerzo donde Pogacar rompía la carrera. Y, sobre todo, de correr con una idea fija: derrotar al referente de esta generación.









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